domingo, 17 de junio de 2012

A Antonio, siempre ausente...

Supongo que todo comenzó por ahí. Al fin me empiezo a dar cuenta. Y no es que hasta hoy mi vida se haya organizado perfectamente bien sin este conocimiento. No ha sido así. En realidad, siempre lo había tenido pero en forma de intuición, de sospecha. Creía que algo estaba mal pero no tenía la capacidad de entenderlo. Gracias a los años y a la perspectiva, hoy puedo verlo. No fuiste el culpable mas si el que dio inicio a todo, papá.

De hecho que toda la culpa es mía, que de los infinitos errores que he cometido infinita es mi responsabilidad. A lo que me refiero es que si en algún punto toda esta maraña de errores tuvo que comenzar, seguramente fue contigo. Y que quede claro que con esto, no te estoy reclamando nada; simplemente escarbo en la historia, analizo los hechos.

Porque tampoco es que haya vivido atormentado por tu ausencia, de ningún modo. Por el contrario, me animaría a decir que he intentado ser feliz y que lo he conseguido, a veces. Pero aún en esos instantes nada estuvo completo.

Eso es algo que ni un solo segundo dejó de inquietarme. Encontrar la respuesta, resolver el enigma. Y la busqué en todas partes, papá. En el reconocimiento familiar que brindaban los estudios, en la adrenalina proveniente del fútbol, en el amor extraído a ellas.

Nunca encontré aquello que faltaba y que ahora sé debía provenir de ti. Pero eso no me importa, porque podría buscarte ahora mismo con la esperanza de recuperar lo perdido. ¿Sabes lo que en verdad me molesta? ¿Sabes lo que no puedo soportar? Que nunca sabré lo que es.

Si tan solo lo supiera, si tan solo descubriera que fue lo que me faltó todos estos años y que causó tanta infelicidad. Si tuviera la respuesta, sería fácil arreglar las cosas. Soy inteligente, papá. No me costaría mucho hallar el modo de reemplazar ese ingrediente por algo más accesible, por algo existente. Pero no lo sé, jamás lo sabré, siempre faltará algo, nunca seré un hombre completo.

¿Sabes por qué estoy tan seguro? Porque cuando te volví a ver, después de tantos años, no sentí nada. Y de nada valió que tratara con hidalguía de soportar el silencio que después de cada frase nos acribillaba, de nada sirvió escuchar tus interminables monólogos sobre el gran futuro que nos esperaba, no tuvo sentido abrazarte ni besarte porque por mucho que lo intentara, no lograba sentir nada.

Eso me demostró que ya estaba todo perdido. Soy un hombre incompleto que sabe que algo le falta sin saber lo que es. No sé que tantos errores hubiera evitado contigo a mi lado, ni que tan rápido me habría levantado. Nunca lo sabré y eso hace que me hierva la sangre. Ser un ser incompleto, tener un alma lisiada, una voluntad resquebrajada.

Como te decía, no digo que tu seas el culpable. Nada mas la causa papá, y si te preguntas por el daño que tu ausencia pudo acarrear, respóndete esto. ¿Qué tanto mal le hace experimentar una pesadilla, a un hombre que no para de soñar? 


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