viernes, 28 de junio de 2013

En el cielo nos veremos

Hay mucho ruido por estos días. Hay piedras que caen desde el cielo y hombres rudos espiando mi casa. Están construyendo el cuarto piso en la casa de al lado. Al principio creí que solo techarían el tercer piso; pero cada día arriban a la cuadra nuevos camiones cargados de cemento, ladrillo, arena, y es obvio que estos señores planean irse hasta el cielo.

¿Por qué ese empeño en llegar más alto? Yo conocí una vez un hombre alto como las praderas. Pero era muy frágil, delicado, parecía que en cualquier momento se vendría abajo. Luego no he conocido más gente alta. En general, Lima no es una ciudad de personas altas. Es lo bueno. Yo no soportaría tener que mirar a las personas desde abajo. Me sentiría débil, insignificante, aunque mamá dice que no hay que decir eso.

Hay que ser en verdad cruel para castigar a los chicos colocando sus juguete en alto. No lo tengo claro, pero ese debe ser uno de sus primeros traumas. Complejo que seguramente heredaron los señores de la casa de al lado. ¿Ya dije que se quieren ir hasta el cielo? Todos deberíamos tener la oportunidad de viajar hasta el cielo, aunque sea una vez. Yo antes pensaba que los Dioses vivían en las nubes, en palacios y jardines flotantes, y que para movilizarse entre nube y nube tenían algo así como caballos alados. Aún así jamás he volado. Le tengo miedo a las alturas; como que el cielo se hizo para los Dioses y la tierra para el hombre.

Animal acomplejado que quiere tenerlo todo es el hombre. Está mal desearlo todo, por el solo hecho de que no podemos con todo. Yo podría con una casa, una sala, una biblioteca, una hija y una buena mujer a quien le guste sentarse a escucharme leer mis cuentos favoritos. Es inevitable, cuando algo bueno llega a mis manos, inmediatamente lo quiero leer a todo el mundo aún a sabiendas de que mi voz es horrible. A propósito, el mejor halago que he recibido, fue de una amiga a la que no veía por años, quien me hizo cantar con ella para luego decirme que mi voz había mejorado. Se llamaba Margarita.


He recalado en que todas las casas de la ciudad son de concreto. Yo no sé como será en otras ciudades porque no me creo eso de las fotos y la televisión y que el mundo es igual en todas partes, en fin, yo no sé cómo será en otras partes pero espero que sea mucho mejor que aquí. Paredes de porcelana, de marfil, de cristal transparente, paredes de flores, de troncos vivos, de pastos coloreables, paredes de agua o de hielo o si se encuentra la manera, por qué no, paredes suaves como un conejo. Pero por Dios, no desear nunca irse hasta el cielo. Una casita de uno o dos pisos, no más. Con una buena mujer que me escuche leer mis cuentos favoritos. Mi cuento favorito: Eleonora, de Poe. Casualmente trata sobre el alma de una mujer que aspira llegar al cielo. Eso: solo las almas deben ir al cielo.

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