domingo, 14 de julio de 2013

No se acaba nunca

Yo me siento desfasado. Yo no puedo con mi propio cuerpo y estoy a punto de morir. Pero viviré porque aún no ha llegado el momento de prometerme hacer un buen libro, y viviré porque el mundo es un lugar inmenso y si quiero escribir sobre mi época tendré que irme de aquí. Y yo llegaré, aunque sea a rastras, a París.

Yo me siento agobiado. Yo siento mi pecho como una bomba y es angustia y es dolor y es impaciencia lo que alimenta la bomba. Tengo los nervios destrozados. Aún así intentaré dormir y comer y si las cosas salen bien mañana beberé para despejar la mente. Yo antes pensaba que era una maldición lo de ser alcohólico. Ahora estoy convencido de que jamás dejaré el licor y cada día fumaré más cigarrillos y leeré más libros y escribiré más hasta que mi vida se haya vuelto solo eso.

Luego espero morir tranquilamente de un ataque al corazón, como Faulkner. Porque mis emociones viven en continua excitación y es terrible. Puedo sentir el dolor de las cosas, el dolor de los hombres, el dolor del universo que ha existido desde siempre y que nos acabará matando; puedo también hablar con los árboles pero sobre todo con las flores quienes entienden y alivian mi dolor. El dolor está; dolor no es lo que falta; falta convicción y confianza. Yo tengo la solución para esto pero es algo tan horrendo que por ahora prefiero no pensar en ello.

He terminado de leer París era una fiesta y luego he visto la primera mitad de Medianoche en París y mis sentimientos se han encendido como brasas. Y quema, y arde, y soy incapaz de pensar, y ya solo quiero que este tiovivo se detenga. Pero comprendo que el tiovivo ya no se va a detener y de ahora en adelante tengo que aprender a sentarme sobre él. Como Kafka cuando se sentó sobre el gigante y nació el Cabezus. Ahora duele porque las emociones se han liberado y yo no estoy acostumbrado a su fuerza. Mañana al dolor lo reemplazará la angustia, y a la angustia la espera, y a la espera el aburrimiento, y al aburrimiento la resignación y finalmente todo habrá terminado. Y me habré alimentado de todas estas experiencias y conoceré más a las personas y al fin podré escribir lo que necesito escribir.



Como decía, yo llegaré aunque sea a rastras a París. Yo tengo la impresión de que he vivido allí antes, y si me esfuerzo puedo recordar algunos rostros de gente muy buena que estuvo a mi lado. También sé que París ya no es el de mis recuerdos. Lo sé a kilómetros de distancia: hasta aquí me llega su dolor. Pero si no piso París no estaré tranquilo así como no se está tranquilo mientras uno mantenga la esperanza de conquistar a la mujer por imposible que le digan que sea. Para todo esto falta mucho y aún no tengo el valor para saltar. Eso no me preocupa, llegará el momento en que una brisa bastará para empujarme al mar.


Este mundo me pertenece como me pertenecen todas las mujeres y todo lo que ha nacido y crecido aquí. Y ya la bomba de mi pecho está a punto de estallar. Cuando estalle, que será pronto, moriré, seguramente para renacer unas semanas más tarde. Tendré que morir durante un tiempo para rumiar mis penas y aprender a montar el tiovivo. Pero no te preocupes, siempre renazco. Todo vuelve a la vida como el ruiseñor del bosque que es el mismo ruiseñor de hace mil años y en mil años seguirá siendo el mismo. Así que renaceremos. Espero que esta vez tengamos mejor suerte.

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